En el presente acápite, intentaremos abordar la cuestión de la comunicación en materia de salud. Para quienes somos usuarios del sistema de salud, sea a través de una Obra Social (en adelante OS) o a través de una Entidad de Medicina Prepaga (en adelante EMP), lo hacemos desde distintos roles, como usuarios, pacientes, administrados y, en casos extremos como reclamantes en instancia administrativa o como parte actora en una acción judicial.
Pero antes de llegar a una situación de conflicto, con todas las implicancias que ello acarrea, nos lleva a formularnos el siguiente interrogante ¿qué es lo que pudo haber sucedido para llegar a la misma? ¿se pudo haber evitado? ¿cómo? Estos interrogantes, y muchos otros, nos lleva a entender que los conflictos, y la escalada de los mismos, obedecen a la falta de comunicación, comunicación insuficiente y/o comunicación defectuosa, entre sus distintos actores intervinientes en el conflicto, que como se hiciera referencia en la Introducción, solamente nos limitaremos a cuestiones de prestaciones médico-asistenciales y prestaciones farmacéuticas.
La comunicación es definida como la acción y efecto de comunicar. Es un proceso mediante el cual se puede transmitir información de una entidad a otra por medio de códigos orales, escritos y otro tipo de señales; también, hay otras herramientas propias de los conflictos de salud que son utilizadas en el proceso de comunicación y que su uso defectuoso, tardío o en forma inapropiada hace de una situación que pueda resolverse en forma inmediata se transforme en un conflicto, en particular nos referimos a las tecnologías de la información y comunicación (TIC’s) y todos los medios de comunicación electrónica, que a su vez constituyen, o pueden constituir un elemento probatorio en un proceso judicial.
Todas las formas de comunicación requieren un emisor, un mensaje y un receptor. En el ámbito sanitario, la comunicación es un elemento esencial desde el momento mismo en que un trabajador comienza su relación laboral, solicita su afiliación a la Obra Social de su actividad, decida cambiar a otro Agente de Salud que satisfaga sus necesidades de cobertura de salud, en el momento en que un usuario decide adherirse voluntariamente a un Plan comercializado por una EMP, y mucho más importante para establecer la relación entre el beneficiario-usuario con su médico o equipo interdisciplinario de salud.  De allí, la importancia de su implementación en forma eficiente y efectiva, durante toda la relación jurídica y sanitaria permite mejorar la calidad en la atención médica, la seguridad del usuario en su carácter de paciente, en la gestión de los recursos y como estrategia comercial para la fidelización del cliente, no olvidando la animosidad de lucro perseguido por las EMP.
Motivo por el cual, y con el fin de prevenir futuros y eventuales conflictos es de vital importancia establecer una correcta comunicación con el usuario del Sistema de Salud, desde el momento mismo de su afiliación / adhesión, como en la consulta con el profesional de la salud, siendo su efecto inmediato recabar la información en forma más amigable y sencilla para determinar el diagnóstico y necesidades propias para su estado de salud y proponerle las alternativas en su tratamiento.
 Por supuesto, que la práctica nos dicta otra realidad y muchos de los conflictos, vinculados principalmente con las EMP, se da entre lo que ha querido comunicar el promotor de la Empresa, lo comprendido por el futuro adherente y lo que ha manifestado en las Declaraciones Juradas para la contratación de servicio. Esto es un claro ejemplo, como la deficiente o indebida comunicación escrita, sea en forma manual o digital, es un factor de conflicto pudiendo derivarse en la configuración de falsificación de declaración jurada por omisión de patologías preexistentes y la consecuente rescisión de contrato, reclamo administrativo, adecuación de la cuota, proceso judicial, producción de prueba, sentencia, apelación, acatamiento de una sentencia judicial, etcétera. Por ello, si la comunicación es clara, abierta y adecuada, permite obtener fácilmente la confianza del beneficiario, tanto en su carácter de usuario como de paciente y, en forma complementaria de su grupo familiar.
Toda la información que deba ser proporcionada de ser explicada conforme a terminología comprensible para el receptor; algunos ejemplos de la información que se suelen comunicar son: el diagnóstico, los estudios necesarios que se puedan requerir para confirmarlo y las alternativas de tratamiento, en donde el excesivo tecnicismo puede resultar una barrera de comunicación en la relación médico / paciente; situación análoga se da también en el caso de prescripciones o recomendaciones, las cuales si bien muchas veces son explicadas meticulosamente en razón a que, dependiendo del tratamiento, resulta necesario suscribir el Consentimiento Informado, esta situación no exime al paciente de confundirse y, por ello, su tratamiento puede resultar inefectivo o conducir a un error que pueda afectarlo.
Más compleja es aún la situación en la que un usuario requiera continuidad en su tratamiento, como ser en el caso de pacientes oncológicos o personas con enfermedades crónicas, en donde la correcta y oportuna comunicación es muy importante, no solamente por lo que se dice, sino como se dice y como ha sido comprendido por la persona enferma y también su entorno familiar y entorno íntimo.
Ante esta situación de vulnerabilidad, resulta importante que todo el personal que participa en el proceso de atención de los Sistemas de Salud, cuente con las destrezas para llevar a cabo el proceso comunicativo de manera confiable y eficiente, garantizando en razón a la sensibilidad de la información y la tutela a los derechos del paciente la confidencialidad de la información. También, y atento a la complejidad de la atención y la prestación de la cobertura, que va desde la autorización de una práctica, el rechazo fundado de la misma, como la interconsulta tanto médica, de diagnóstico e interdisciplinaria, es de vital importancia la correcta de la comunicación tanto con los pacientes, familiares, médicos interconsultantes como con el personal de salud en el cual también están involucrados residentes, enfermeras, personal técnico y administrativo. Contravenir este principio produce conflictos, errores y comprometiendo la seguridad del paciente.
Sobre el particular, la comunicación con los pacientes debe ser amplia, eficiente y apropiada, en especial cuando se le va a practicar un estudio invasivo o una intervención quirúrgica; lo antedicho permite cumplir con un derecho del paciente al darle la información necesaria y también a reducir problemas y por ello es fundamental que el consentimiento informado sea muy claro y que en él se mencione toda complicación que se considere puede suscitarse, será motivo de preocupación para el médico tratante el no hacerlo así cuando existen complicaciones. Además, el beneficiario/usuario/paciente, y su grupo familiar o persona responsable, que no está debidamente informado sobre las posibles adversidades, tiene por lo general tendencia a enojarse y a romper la relación profesional con el médico, elevar su queja ante la OS o EMP, elevando la potencialidad del conflicto con todos los actores intervinientes.
 Existen situaciones en donde la comunicación con el usuario o con la familia tiene que realizarse con el mayor cuidado posible y en donde se involucra la experiencia, el conocimiento, la ética y la compasión: todo ello forma parte de la atención al usuario médica con alto sentido humano y profesional. Ejemplo de lo anterior es el manejo del paciente en estado crítico que muchas veces se debe llevar a cabo en una reunión familiar, otra situación parecida es informarles sobre complicaciones o errores médicos que hayan presentado. Esta comunicación siempre deberá ser verídica y confiable para permitir al paciente / beneficiario o usuario a tomar las decisiones más adecuadas.
 Otras situaciones que merecen atención especial son el manejo médico de niños o jóvenes que aún no tienen suficiente juicio para evaluar su diagnóstico y tratamiento, el de ancianos o el de pacientes con nacionalidad distinta o de religión y costumbres diferentes; claro ejemplo de ello es el conflicto suscitado con la objeción de conciencia y el rechazo del paciente a determinado tratamiento, que a su vez colisiona con el juramento hipocrático que hace el profesional de la salud y con los de su propio entorno familiar que no adscribe a la creencia religiosa del paciente.
 Por último, y a lo que a comunicación hace toda la documentación médica, sea en soporte papel o soporte digital, son formas de comunicación sea para que el ente financiador de las prestaciones autorice, rechace, brinde alternativas terapéuticas y, en los casos antes señalados, brinde los fundamentos médicos y científicos de la decisión; en virtud de ello su omisión, el incumplimiento o la confección inadecuada favorecen al conflicto entre las distintas partes intervinientes al igual que el error médico, en un caso de mala praxis.
De ahí la importancia es que la documentación médica (citándose a título ejemplificativo: órdenes de prácticas, historia clínica, epicrisis, informes médicos, credenciales, notificaciones, consentimientos informados) debe considerarse como un medio de comunicación entre el personal de la OS o EMP, profesionales de la salud, personal de salud que atiende al paciente, el usuario y su grupo familiar; recordemos que la documentación médica también se asientan notas de diferente tipo que permiten conocer la situación clínica del paciente, su evolución, la solicitud de estudios y de interconsultas, los resultados, así como las prescripciones e indicaciones que deben llevarse a cabo durante su estancia. Sólo el trabajo sincronizado y con alto sentido profesional permite que la atención intrahospitalaria sea integral, adecuada y segura para el paciente.
El consentimiento informado es un elemento esencial para la comunicación de su clínico, es obligatorio incluirlo y recordar que además es uno de los derechos del paciente.
La correcta elaboración de toda la documentación del usuario, la especificidad en cuanto a la guarda y conservación, como la especificidad de procedimiento diagnóstico o de tratamiento que se va a llevar a cabo, incluyendo toda la información brindada al paciente sobre las alternativas de tratamiento y que él aceptó lo que se va a llevar a cabo, es una forma de garantizar la comunicación efectiva y prevenir futuros conflictos en la relación usuario / beneficiario con los actores del sistema de salud.

Agradecemos su lectura. Dr. Juan Maximiliano Verón